La fachada del Sheraton Buenos Aires no fue solo un trabajo de renovación: fue un ejercicio de precisión, criterio y respeto por un ícono de Buenos Aires. El desafío mayor estuvo en equilibrar tres partes importantes: la identidad del hotel, su estructura existente y la necesidad de actualizar su estilo.
El resultado no fue solo una nueva piel: fue una nueva cara del edificio, una que respira luz, ritmo y modernidad, pero sigue manteniendo la historia del Sheraton y con la trama arquitectónica de la ciudad. Como siempre nuestras soluciones fueron claves en esa negociación entre lo que ya existe, lo que debe mantenerse y lo que todavía puede mejorar.









